Microsoft ha reconocido que sus actualizaciones de seguridad de septiembre rompen tres cosas distintas: los servicios de Escritorio Remoto, el sonido en algunos dispositivos de audio USB y el pegado en Excel. Lo cuenta The Register a partir de la propia lista de problemas conocidos de Microsoft. Voy al grano con lo que hay y, sobre todo, con lo que yo cambiaría a partir de hoy.
Qué ha pasado
Escritorio Remoto (RDS). Los primeros avisos salieron en redes justo después de la actualización y Microsoft ya lo ha confirmado para varias versiones, entre ellas Windows 11 26H1 y Windows Server 2012. Los síntomas: conexiones que se caen a los pocos minutos y servidores que se quedan colgados en el mensaje de configuración de sesión.
"Please wait for the Remote Desktop Configuration"
Y no se queda ahí. Microsoft admite que también pueden dejar de responder la consola de administración (MMC), el diagnosticador de licencias de RDS y el propio Explorador de archivos, y que la página de Windows Update se puede quedar girando la ruedecita para siempre. Si la máquina afectada es virtual y no entras por RDP, pararla —liberando recursos— y volver a arrancarla devuelve la conectividad de forma temporal. Hay corrección en camino, sin fecha.
Audio USB. Confirmado en Windows 11 26H1, 25H2 y 24H2 con dispositivos que usan la clase USB Audio 1.0, un estándar del siglo pasado. Puede quedarse todo sin sonido, romperse el panel de sonido y los controles de volumen, o fallar el audio multicanal. A algunos clientes les ha vuelto el sonido pasando el dispositivo a dos canales. Arreglo, en curso; plazo, ninguno.
Excel. Aquí está lo interesante. El parche que tapa vulnerabilidades de ejecución remota de código y de fuga de información ha roto el pegar. Afecta a Excel 2016, 2019, 2021 y 2024. El usuario pega, el origen sigue seleccionado, el destino no cambia y no hay ni pitido ni mensaje de error. Microsoft no ha publicado ninguna solución temporal. En los foros, alguien lo resolvió desinstalando y reinstalando Office; otros, desinstalando la actualización de seguridad, lo que también se lleva por delante el arreglo de seguridad.
Por qué importa
El fallo que debería quitarte el sueño es el de Excel, no el de RDP. Un RDS caído es escandaloso: se entera todo el mundo en diez minutos, se abre el ticket y se escala. Un pegado que falla sin decir nada no se entera nadie. Alguien copia un bloque de importes, lo pega en la hoja del cierre, mira otra celda, guarda y sigue. El dato que tenía que estar no está y la hoja no ha protestado. Ese error viaja a una factura, a un informe o a un cargador de datos sin que nadie lo haya visto.
De ahí sale la única lección que me llevo a mi propio código: una operación que puede fallar tiene que gritar. Si tu importador se come tres filas mal formadas, que lo diga. Si tu cola descarta un mensaje, que quede un registro y un contador. El silencio en un camino de error no es elegancia, es una bomba con temporizador. Y cuando el fallo está en la herramienta de otro, como aquí, el que se come la reclamación eres tú, porque el cliente asocia el número raro a tu sistema.
Si tu única vía de entrada a un servidor es lo que el parche rompe, tienes un problema de diseño, no de parche. El apaño de Microsoft para las máquinas virtuales —pararla y volver a arrancarla— solo sirve si tienes acceso al plano de control. Conviene revisar hoy que cada servidor tenga una segunda puerta: consola serie del hipervisor o del proveedor de nube, agente de gestión que no dependa de la sesión gráfica, y credenciales de emergencia que alguien haya probado este trimestre. No la semana que se caiga.
Anillos de despliegue, aunque seas cuatro. Esto se instaló solo en mucha gente que tenía la actualización automática activada. No hace falta un WSUS con veinte políticas: basta con tener un grupo pequeño de máquinas que reciban los parches unos días antes que las demás, y mirar la página de estado de las versiones de Windows antes de abrir la mano al resto. Para servidores en producción, actualización automática desactivada y ventana con testigo.
La trampa del rollback. Desinstalar la actualización de Excel te devuelve el pegar y te devuelve también la ejecución remota de código. Mi criterio: en equipos que abren ficheros de fuera —correo, clientes, proveedores— no se desinstala. Se reinstala Office o se aguanta con el fallo y se avisa a los usuarios de que verifiquen lo que pegan. En un equipo aislado de laboratorio, la conversación es otra. La decisión se toma por rol de máquina, no de golpe para toda la flota.
Y si todavía tienes Windows Server 2012, la fecha está en el calendario: el programa de actualizaciones de seguridad extendidas termina el 13 de octubre de 2026, según el ciclo de vida del producto. Queda un mes de parches y los últimos vienen rompiendo el acceso remoto. Si eso no mueve el plan de migración, no lo va a mover nada.
Qué no cambia
No patchear sigue siendo peor. Las vulnerabilidades que cierra el parche de Excel son reales y hay gente explotando ese tipo de cosas con ficheros adjuntos todos los días.
También hay que ser justo con la parte buena: esto se sabe porque Microsoft lo publica en su lista de problemas conocidos. Preferible mil veces a un mes de silencio y foros a ciegas. Lo que falta es el plazo de corrección, y ahí no hay nada: ni para el audio ni para RDS.
Y el alcance es menor de lo que parece leyendo titulares. El audio afecta a dispositivos de clase 1.0, un estándar viejísimo; la mayoría de material moderno va por 2.0 y no se entera. Lo de RDS toca a algunas versiones y a algunos usuarios, no a todo el parque. Que nadie desmonte su ciclo de actualizaciones por esto: lo que hay que arreglar es el orden en que se aplican y la manera de enterarse cuando algo falla callado.
Cualquier duda me dices y lo vemos.
Un saludo, Vicente.
